
Son las diez y media de la mañana. Acabo de pagar la cuota mínima mensual de mi tarjeta de crédito. Camino dos cuadras por Garzón, doblo por República Dominicana y llego a la plaza San José. Busco un asiento. Todos están mojados por la humedad limeña, o cagados por las aves. Por fin encuentro uno seco y limpio. Me siento. Regreso al libro. ¿Estás tratando de averiguar el momento exacto en el cual te jodiste Zavalita? En mi caso, siempre estuve jodido, desde que comencé la pubertad, con algunos oasis de buenas vibras. Un constante flirteo entre “perder” y “no perder muy seguido”. ¿Hasta cuándo dejaré de sentirme así?, ¿qué me falta para ser ganador?
Resuena en mi mente la canción “Not For You” de Pearl Jam, parte de la letra dice: “todo lo sagrado viene de la juventud, la dedicación, e incluso la verdad”. Después de la muerte, es a la vejez a quien más temo. Cuando llegue el momento de mostrarme arrugado y cabizbajo, ¿me quedará algo? Sé que falta mucho para eso, pero los años siempre tienen prisa. ¿Me quedará algo Zavalita? Los ancianos que veo sentados en otras bancas hacen que mi juventud parezca eterna o en el mejor de los casos superduradera. Quizá pueda aprender a llevar con dignidad mi condición de anciano, pero, ¿cómo haré con mi condición de perdedor? No soy el único que lee, pero soy el único sentado cerca al filo de la banca. Ni siquiera con las cosas puedo sentirme en confianza.
Templo castillo ubicado frente a la Plaza San José (Jesús María)